LA MIRADA INTERIOR: L@S ENCONTRADOR@S

Existe en las personas un sentimiento de desamparo y soledad. Desde este lugar, existe un intento de desear no sentir el vacío. Hay una idea de que sólo el amor te hace feliz y ello te convierte en un gran Buscador. La solución es comenzar a ser un/a gran Encontrador/a.

Cuando eres buscador del amor, te encuentras con la soledad y el desamparo, nada es suficiente. Nada basta. Buscas y buscas sin cesar.

Cuando te vuelves encontrador/a, el asunto cambia.

No hay necesidad. El misterio encuentra su movimiento en el alma y ya no esperas que algo suceda. La necesidad se transforma en fuerza. La aceptación de la vida como tal, te muestra este camino de paz y sosiego. Deja de haber prisa. El tiempo experimenta un cambio, se transforma en algo simple, solo, sereno.

En tu interior, la belleza de ser encontrador/a, se manifiesta cuando propones el silencio y la manifestación del misterio de la divinidad. Se trata de ser, de aceptar que ya se es. El bullicio se torna ajeno y lejano.

Entonces, quizás quieras preguntar:

¿Dónde estaba yo en el bullicio?
¿Quién era en la prisa?
¿Qué esperaba encontrar en la ausencia de mí mism@ y la presencia de algo que buscaba y no cesaba de padecer su necesidad?

La visión del mundo comienza a cambiar. Algo se sumerge, nada y experimenta las aguas de la pureza interior. Bucea sin prisa. Respira. Vive y se envuelve de sí mism@.

La divinidad por fin se muestra cuando dejas de necesitar buscar y te reconoces como Encontrador/a.

Helena Bereciartúa

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