LA MIRADA SISTÉMICA, 4 y 5 DE MARZO EN PALMA DE MALLORCA

Después de años de comprobación y experiencia con multitud de personas y familias, Bert Hellinger, terapeuta familiar, llegó a la conclusión de que hay una serie de principios sistémicos que influyen en la vida de las personas, tanto si se conocen como si no. Estos principios o leyes, también llamadas órdenes del amor, pues son la condición para que el amor y la vida fluyan, pueden resumirse en tres: Pertenencia, Equilibrio y Orden.

LEYES DE LOS SISTEMAS (ÓRDENES DEL AMOR)

1) Ley de la pertenencia:

Si se excluye, ignora u olvida injustamente a alguien que pertenece al sistema, se produce desorden. Es decir, surgen problemas que no encuentran solución hasta que se restituye lo excluido.

2) La ley del dar y el tomar:

Si se produce desequilibrio entre “dar” y “tomar”, surgen problemas hasta que el equilibrio se reestablece.

Esta ley determina que cuando alguien da más de lo necesario, estimula la agresividad de quien recibe más de lo que necesita (aunque lo tome e incluso lo reclame).

También ocurre que quien da más de lo que recibió “se quema”. Es como si en el inconsciente tuviéramos un sensor que nos debilita cuando establecemos relaciones de dependencia innecesaria o de sobreprotección.

3) La ley del orden o de la primacía:

Quien se pone por delante de un anterior, se debilita y sale perdiendo. Quien pretende ocupar un lugar que no es el suyo, se “quema”.

Los sistemas humanos tienen un orden jerárquico que hace que unos individuos tengan prioridad sobre otros en algunos aspectos. Este orden es arcaico y se remonta a los tiempos en los que el individuo era menos importante que el colectivo o tribu a la que pertenecía. Gracias a esta supeditación del individuo a la colectividad, aumentaban las posibilidades de supervivencia de todos.

Aunque hoy en día las cosas han cambiado mucho en relación con los tiempos primitivos, nuestro inconsciente sigue siendo fiel a la ley de las primacías y castiga, sobre todo, la arrogancia.
Arrogancia quiere decir actuar sin tener en cuenta el orden de las jerarquías.

Por ejemplo, hay arrogancia cuando un subordinado habla a su jefe dándole órdenes o un jefe teme dar órdenes por temor a que un subordinado se moleste. También hay arrogancia cuando un hijo se siente más grande e importante que sus padres, cuando un maestro cree ser mejor para educar a un niño que la familia a la que éste pertenece. En resumen: arrogancia es no reconocer cuándo alguien es más importante que uno mismo.

La arrogancia debilita a quien la tiene, pues es el propio inconsciente quien no la tolera. Por otro lado, quien se cree superior sin serlo pierde la oportunidad de ser bien mirado y cuidado por quienes tiene delante. Antes o después acaba perdiendo en la lucha de poderes.

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